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sábado, 7 de noviembre de 2009



MEDITACION

Es un proceso mental, que por medio del análisis, discernimiento, prolongado de algo abstracto, llegamos a la esencia, y por medio de su Yo interior llegara a su concepto a esa Verdad que es única, y solamente suya.
La meditación es LÚDICA

La meditación no es algo propio de la mente, sino algo que está más allá de ella. Y el primer paso es asumir una actitud lúdica frente a la medita¬ción. Si tomas la meditación como al¬go divertido, la mente no podrá des¬truir tu meditación. Si no lo haces, la transformará en otro viaje del yo y te tornará muy serio. Comenzarás a pen¬sar: "Soy un gran meditador. Soy más sagrado que el resto de la gente, mientras que todo el mundo es terre¬nal, soy religioso, soy virtuoso." Es esto lo que les ha sucedido a miles de así llamados santos, moralistas, puri¬tanos: solamente están jugando jue¬gos del yo, sutiles juegos del yo.
Por eso quiero cortar esto de raíz desde el principio. Enfrenta la medi¬tación con una actitud lúdica. Es una canción para ser cantada, una danza para ser danzada. Tómala como diver¬sión y te sorprenderás: si puedes asu¬mir en forma lúdica la meditación, és¬ta se desarrollará a pasos agigantados.
Pero tú no estás anhelando logro alguno. Simplemente, estás disfrutan¬do de sentarte en silencio, gozando el mero acto de sentarte en silencio. No se trata de que estés a la espera de al-gún poder de yogui, siddhis,* mila¬gros. Todo eso no tiene sentido: es la misma tontería de antes, el mismo viejo truco, pero con nuevas palabras, en un nuevo plano... La vida como tal debe ser entendida como un chiste del cosmos. Entonces, de repente, te rela¬jarás porque no hay nada por lo que tensionarse. Y, en esa misma relaja¬ción, algo empieza a cambiar en ti: hay un cambio radical, una transfor¬mación. Y las pequeñas cosas de la vi¬da comienzan a cobrar un nuevo sen¬tido, una nueva significación. Enton¬ces, nada es pequeño, todo empieza a tomar un nuevo sabor, una nueva at¬mósfera. Uno empieza a sentir una es¬pecie de santidad por todas partes. Uno no se transforma en cristiano, no se transforma en hindú, no se trans¬forma en mahometano. Uno simple¬mente se vuelve un amante de la vida. Uno aprende una sola cosa: cómo go¬zar de la vida.
Pero gozar de la vida es el camino hacia Dios. ¡Danza tu camino hacia Dios, ríe tu camino hacia Dios, canta tu camino hacia Dios!
La meditación es CONCIENCIA

Cualquier cosa que hagas, hazla con profunda conciencia. Entonces, inclusive las cosas pequeñas se trans¬forman en sagradas. Entonces, coci¬nar o limpiar se transforma en cosas sagradas; se hace culto de ellas. No se trata de qué es lo que haces, sino de cómo lo haces. Puedes limpiar el piso como un robot, un artefacto mecáni¬co; tienes que limpiarlo, así que lo ha-ces. Entonces, te pierdes algo hermo¬so. Así, malgastas esos momentos na¬da más que en limpiar el piso. Lim¬piar el piso podía haber sido una ex¬periencia grandiosa. Te la perdiste. El suelo está limpio, pero algo que podía haber pasado en tu interior no ha pasado. Si hubieras tenido conciencia, tú también (y no sólo el piso) habrías sentido el efecto de una profunda pu¬rificación. Limpia el piso con plena conciencia, con el brillo del conoci-miento. Trabaja, siéntate o camina, pero con un hilo conductor: ilumina más y más momentos de tu vida con la conciencia. Deja que la vela del co¬nocimiento se encienda en cada mo¬mento, en cada acto. El efecto acumu¬lativo de todos los momentos juntos los transforma en una gran fuente de luz.






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